«Todo el mundo tiene derecho a conocer su historia, independientemente de las circunstancias»

«Soy la prueba viviente de una violación», declaró Daisy a ‘The Guardian’. «Soy algo así como la escena andante del delito que se cometió contra mi madre cuando era niña». Ese pequeño gran detalle puede traer justicia a un caso. Mientras, Neil, tras veinte años buscando a su madre biológica y finalmente encontrarla lo primero que le pregunta es: «¿Me parezco al hombre que te hizo eso?». Y Mandy, una de las mujeres violadas con tan solo once años confiesa: «Era como si te inyectaran veneno; eso es lo que hizo mi padre conmigo». Al tiempo que Eva al confrontar al agresor de su progenitora y preguntarle si se arrepiente de lo que hizo, la respuesta que obtiene es un rotundo «no». «¿Volverías hacerle eso a mi madre?», y con la misma frialdad responde: «Sí, volvería hacerlo». Y si bien el tema sale a debate ahora, para algunos llega tarde. Pese a todo puede suponer un cambio legal histórico.

Diversos medios los han apodado «rape babies» o ‘víctimas secundarias», los bebés concebidos de una violación. La BBC incluso ha rodado un documental- ‘Out of the Shadows: Born from Rape’- con varias víctimas que se atreven a hablar y confrontar su historia ante la audiencia. Todo ello adquiere relevancia en este momento porque el Gobierno británico estudia sacar el Proyecto de Ley sobre Víctimas y Prisioneros, del que forma parte también la «Ley Daisy», apodada así por la activista que nació tras una violación, en los años setenta.

La madre de Daisy tenía 13 años cuando la violaron. Su agresor, tenía 29 y el caso fue denunciado y en tiempo récord archivado, hasta que la hija nacida de esa violación alcanzó la mayoría de edad. Consiguió después de numerosas trabas legales y con determinación sentar en el banquillo a su ‘padre’, Carvel Bennett, en 2021.

Fue condenado a 11 años de prisión y la sentencia dio lugar a una campaña, auspiciada por el Centro por la Justicia de las Mujeres (CWJ), para reconocer como «víctimas» a los hijos concebidos a partir de una violación. «Cuando logré sentar ante un tribunal a mi padre, me di cuenta de que éramos invisibles para la justicia penal» apuntaba Daisy a los medios.

Ahora, Daisy explica a ABC que todo el mundo tiene derecho a conocer su historia y su herencia genética, independientemente de las circunstancias. El «no decir», el no hablar del horror de las circunstancias, la vergüenza o el secretismo. «De ello no puede salir nada bueno, pero, por supuesto, se necesita apoyo», indica.

A la pregunta de cuántos niños nacen de una violación en Reino Unido detalla que se encargó una investigación a CWJ. Académicos de la Universidad de Durham llevaron a cabo una revisión de la literatura y su estudio encontró una falta de datos preocupante sobre el número de niños nacidos de violaciones en todo el mundo. Pero estiman que entre enero de 2021 y diciembre de 2021, nacieron entre 2.000 y 3.800 niños producto de violaciones en Inglaterra y Gales. Mientras que en Estados Unidos, aproximadamente 32.000 niños nacen tras una violación cada año.

Nos indica que este es un tema con poca investigación y poco reconocimiento. Y muchos de esos niños se enteran después de las circunstancias de su concepción, y es como un puñetazo en el estómago que los hunde hasta el fondo.

Esta ley dará derecho a los ‘rape babies’ a acceder a información sobre su caso. Al tiempo que sirve para reconocer el daño causado a los niños, además del causado a sus madres. «Mi padre biológico fue libre de violar a más niños durante otros 46 años antes de su condena», señala Daisy.

«Mi caso ilustra que cuando la policía o el trabajador social han revelado y documentado un embarazo producto de una violación, hay evidencias documentales y pruebas irrefutables del niño, casos como el mío pueden contribuir a aumentar los procesamientos, llevar a los perpetradores ante la justicia y salvaguardar a la sociedad de nuevos delitos», afirma Daisy. Ya que el suyo es uno de una larga lista.

«Soy hija de un asesino y un violador»

Una pequeña quemadura en la mejilla es todo lo que le queda como recuerdo de lo que ocurrió la noche en la que el abuelo de Tasnim Lowe la puso a salvo del fuego bajo un manzano del jardín. Por entonces era muy pequeña y en ese incendió murieron su madre, su tía y su abuela. El giro de los acontecimientos hizo que su salvador fuera también el autor del incendio. Su abuelo en apariencia un amable taxista, Azhar Ali Mehmood, fue condenado a cadena perpetua.

Sin embargo, del fuego se salvó también un diario que permaneció olvidado en un almacén policial durante casi dos décadas. No fue hasta que Tasnim solicitó acceder a los archivos policiales del caso cuando dio con él y con su revelador contenido. En sus páginas, su madre, Lucy, entre poemas también relataba los abusos sexuales que sufrió de mano de su padre. Fue entonces cuando se dio cuenta que ella había nacido fruto de esas violaciones, y el perpetrador no era otro que el que creía su abuelo. Contenía una descripción detallada de los hechos que comenzaron cuando su madre tenía doce años.

El diario supuso para Tasnim una bajada a los infiernos. Pero pese al horror narrado también había una parte parte que su madre dedicaba expresamente a su hija, a la que se dirigía directamente: «Querida Tas, ahora tienes diez años, pero cuando leas esto serás mucho mayor…».


Tasnim Lowe


Captura vídeo BBC

Tasnim afirma «Soy hija de un asesino y un violador». Una realidad al que se tiene que enfrentar un niño nacido de una violación, más tarde o más temprano. Y en Europa, por término general, no existen organizaciones ni servicios que aborden estos casos concretos por lo que muchos se sienten totalmente solos. Tasnim reconoce que si ella hubiera estado en el lugar de su madre cada vez que mirase a su hija solo podría pensar en ello, por eso la habría dado en adopción.

A pesar de las circunstancias, Tasnim decidió llegar hasta el final y conocer al agresor. En una sala de reunión de la cárcel se encontró con ese hombre que era demasiado joven para recordar. Un individuo de pequeña estatura que la abrazó y le ofreció una tarta de chocolate para «celebrar» la ocasión. Él mantuvo el control de la situación y parecía lejos de sentirse arrepentido.

Tasnim no volvería a verlo, pero por fin averiguó lo que quería. Frente a los medios británicos señala que cuando se trata de los ‘rape babies’ hay mucho estigma, pero no debería. «No se trata de con quién estés emparentada, yo soy mi propia persona. Y no es culpa mía. Pero simplemente todo ello me afectó», afirma.

«Vergüenza, dolor e ira»

Neil, con 27 años, se enteró de una historia que jamás hubiese imaginado. Fue adoptado por una familia del norte de Inglaterra y tuvo una infancia feliz. Pero en el fondo siempre quiso conocer la identidad de su madre biológica. Un detective privado le dejaría un sobre con todo lo que había averiguado. Neil respiró hondo y lo abrió. Los documentos decían que su madre había sido violada en un parque cuando era una adolescente.


Una captura en vídeo de Neil


documental

Se sintió como «uno de esos personajes de los videojuegos a los que les estalla el pecho y les sale todo fuera. Y me derrumbé», comenta ante la cámara. Lo cierto es que «nada puede prepararte para esas palabras. Sientes vergüenza, dolor, ira». Te cuestionas todo sobre ti mismo. Eres amable, feliz, pero fuiste concebido de una manera tan odiosa». Cuenta que teme mirarse al espejo y ver el reflejo del hombre que atacó a su madre.

Todo ello no impidió que siguiera queriendo conocer a su progenitora. Después de una larga espera y numerosos ensayos para saber qué decir y que no, se produjo el momento tan esperado y dijo: «Si me parezco al hombre que te hizo eso me iré ahora mismo». «No lo harás», respondió su madre. Y empezaron a hablar de sus vidas, los rasgos en los que se parecen. En cuanto al agresor, Neil comenta que no es nada, por lo que a él se refiere no tiene padre biológico. Y sobre eso no hay más que hablar.

«Siempre digo que yo soy la superviviente y él es la víctima»

El padre de Mandy era un policía con un historial intachable y miembro del Ejército de Salvación. Un hombre ejemplar para la comunidad que por las noches se colaba de puntillas en el cuarto de su hija de 11 años o se metía en su bañera desnudo. Ella no se lo contó a nadie, estaba atrapada en esa situación, y las visitas continuaron hasta que se quedó embarazada. Su padre decidió que seguirían interpretando el papel de una familia feliz, y el recién nacido lo llamaría «papá».

Mandy cuenta a los medios que su padre estaba en la sala de partos el día que dio a luz. Las comadronas le dejaron ser el que cogiera al recién nacido. «Eso me destrozó. Que él levantara a mi hijo en brazos primero», apunta Mandy. «Yo sólo pensaba: ‘Quítale las manos de encima, aléjate. Era mi bebé, era precioso. Iba a protegerlo para siempre». Supo entonces que tenía que sobrevivir para irse. Cuando volvieron a casa esperó su oportunidad y escapó con su hijo para jamás volver.

El niño nació con una discapacidad genética que hace que Mandy tenga que cuidarlo veinticuatro horas al día. «Siempre digo que yo soy la superviviente y él es la víctima», afirma Mandy. Su marido, Pete, lo adoptó, y tuvo con él otros dos hijos. Sobre su primer hijo señala: «Él no pidió nacer así. Porque a mí me pasó un delito y a él también».

Amor-odio

Existen otros ejemplos donde la relación de los hijos con la madre resulta más ambivalente. Diana Sánchez, psicóloga sanitaria que trabaja en Psicólogos en Torrelodones, nos explica que en todos los casos lo más importante es que la madre haya recibido algún tipo de apoyo, social, como familiar, y resulta imperativo que se trate la situación traumática de la violación. «Si no se aborda casi en un 98% de los casos, va a ser difícil que haya una buena vinculación con el bebé«. Y a su vez eso puede afectar a las futuras relaciones afectivas de esos hijos.

Matiza que si además el agresor pertenece al entorno familiar hay un doble tabú, el de la violación y el del incesto. «Al final somos seres humanos, las emociones a veces no se pueden ocultar y la víctima las tiene que redirigir. Y en ese caso ese hijo puede ser un disparador de su propio trauma, como el recuerdo continuo del daño sufrido», señala.

Pruebas vivientes

Eva, tras enterarse de lo que le pasó a su madre, confrontó al agresor. Sin cortapisas él le dijo que si pudiera retroceder atrás en el tiempo volvería a violar a su madre. Su remordimiento era inexistente y por eso decidió denunciarlo, la policía le pidió evidencias de lo sucedido. Ella dijo: «Soy la prueba viviente de lo ocurrido», pero en términos legales no es suficiente.

Sin embargo, no era la única, una ‘rape baby’ con el pseudónimo de Vicky, dio a conocer, en 2019, a los medios que su madre era una menor cuando un amigo de la familia abusó sexualmente de ella. E intentó algo inédito, un «enjuiciamiento sin víctima», que se da cuando una víctima retira los cargos y su declaración, pero existen evidencias para llevar a cabo un procesamiento. De hacerse realidad sería uno de los primeros casos de este tipo de los que se tiene constancia. Vicky pretendía con ello que una prueba genética apuntase al agresor. 

En cuanto a la ‘Ley Daisy’, Harriet Wistrich, directora del CWJ del Reino Unido, detalla a ABC que probablemente no se aprobará hasta el próximo año. Pero matiza que en la actualidad, y antes de la campaña de Daisy, los niños nacidos de una violación no han tenido ni tienen estatus de víctima, lo que significa que no tienen derecho a procesar al violador ni a acceder a servicios de apoyo especializados.

Esta iniciativa también implicaría que los niños concebidos mediante violación serían reconocidos como víctimas de delitos, según los nuevos planes gubernamentales. Inglaterra y Gales estarían así entre los primeros países del mundo en realizar este cambio en la ley.

Frente al ejemplo del Reino Unido, la psicóloga Carmen Sánchez a la pregunta de por qué faltan ayudas en Europa, por lo general, y en España en particular para los ‘rape babies’, responde que el problema es la falta de concienciación. No se comprende lo fundamentales que son los grupos de apoyo para la recuperación. Mientras que Daisy nos menciona como ejemplo ‘City of Joy’, en el Congo. Y en Bosnia, los jóvenes nacidos de las violaciones durante la guerra llegaron a crear su propia organización.

Sánchez aboga porque el niño o el adulto sepa la verdad de su concepción, siempre y cuando todas las partes hayan sido tratadas previamente para prepararlas para ese momento. En cuanto a casos como el de Eva, pese a que la verdad es devastadora, se alegra de saber qué pasó. Afirma: «Era como una picadura que necesitas rascar, no puedes contenerte». Al final tienes que saber, necesitas saber.